domingo, 29 de marzo de 2015

Liquidación de deudas


Si hiciera una suma de todas las bromas, maldades, golpes o labores que recibí de mi hermano, su deuda habría sido equivalente a la deuda externa de México… siempre constante y siempre ascendiendo. En innumerables ocasiones, le hice la tarea. Primero, porque si yo la hacía, según él, acabábamos más rápido para ir a jugar. Segundo, porque se nos hizo costumbre. Todavía en la universidad, leí varios de sus libros, ya fuera para hacer sus ensayos o para contárselos. En el último semestre de la carrera, copió todos mis exámenes e hice todos sus trabajos de la, irónicamente, clase de “Ética y Valores”. Anduvo con muchas de mis amigas de la primaria y la secundaria, lo que explica por qué no conservo muchas de las amistades de aquellos años. Me convencía (ce) de hacer siempre su santa voluntad: vamos a jugar tacleadas; ahora hay que jugar luchitas, otro día jugamos lo que tú quieras… ajá; sírveme refresco, ¿no?; hazme de comer; dame dinero; regálame eso; esto es mío, ¿verdad?; cómprame una sorpresa; déjame darte unos apretones -golpes, mordidas o cualquier muestra física que deje marcas-, no seas mala onda… son algunas de las todavía recurrentes frases. Siempre lo consiguió (gue), no sólo porque es un perfecto manipulador, sino porque siempre supe cuál era mi rol de hermana menor. Mi misma madre lo decía: “yo te tuve, para que tu hermano no se aburriera”, argumento suficiente para que yo sirviera a gusto y disgusto a los berrinches, peticiones, caprichos u órdenes de mi hermano, porque al final, mi misión en esta vida, como la de todo benjamín, era ser el juguete y diversión del primogénito. Yo nunca o casi nunca le pedí nada, tampoco me cobré a lo chino ni quise vengarme de su fantochería. Jamás le cobré las decenas que me hizo ver mi suerte, las centenas en las que me explotó ni las miles de veces que le salvé el pellejo. Era parte del código: quien tiene un hermano mayor o es un hermano menor entiende bien cuáles son los principios que rigen la fraternidad. Pero como a mi hermano todo siempre le sale bien, porque el desgraciado tiene carisma y sabe hacer buenos negocios, bastó con hacer una sola transacción para expiar sus culpas conmigo. Su nombre: Eugenio. Con mi sobrino, sus deudas quedaron saldadas, se me olvidó todo lo que tenía que cobrarle y todavía le quedó saldo a favor. A partir de hoy, empezamos de cero.

Los hombres de mi vida


El primero no habla mucho, pero tiene los mejores silencios, los consejos más sabios y la paz más insólita que un ser humano puede proveer. El segundo es una máquina de hacer ruido y es la persona a la que le confiaría mi vida sin dudarlo, la única que sabe todos mis secretos y el único ser que habla el mismo idioma que yo. El tercero, aún no sabe hablar, pero tiene una mirada que te arrebata el corazón, suspiros que te dejan sin aliento y ruiditos que te hacen querer protegerlo para que nunca nadie le haga daño. Son los tres hombres de mi vida, los únicos que saben conmoverme al punto de hacerme llorar, sin tener que decir una sola palabra.

lunes, 9 de marzo de 2015

De los 31 a los 32

Vi a Tipi crecer cuando se convirtió en papá y me dio al sobrino más feliz de la Tierra. Me cambié de casa. Comencé a buscar un hogar nuevo. Hablé con mi hermano como jamás lo hice mientras estuvo en México. Lo tuve que ver partir otra vez, sin boleto de regreso. Tomé 40 aviones; perdí uno. Estuve en 10 países diferentes. Me embarqué en un crucero, en el que comprendí cuánta falta hace el silencio, pero también cuánto daño puede hacer si te excedes en callar. Me volví a enganchar con Interpol y los Arctic Monkeys. Chicago se convirtió en mi ciudad favorita de Estados Unidos. Puse de nuevo los pies en Madrid, lugar favorito para mis catarsis. Lloré viendo un paisaje, porque contemplé la belleza de Dios, al grado de sentir que me respondía todas las dudas y preguntas. Me llegaron cuatro demandas, ninguna de ellas relacionada conmigo. Me convertí en nómada. Descubrí que aunque el desapego es considerado una virtud, hay personas que jamás sabrán lidiar con el mío. Me convencí de las bendiciones del ayurveda, aunque odié tener que volver a comer algo animal; volví al vegetarianismo en cuanto pude. Comprobé que hay yoguis que sólo lo son de forma, pero jamás lo serán de fondo. Me tuve que alejar del yoga para regresar a él. Entrené para un triatlón pero el trabajo me impidió participar en él. Dejé de cargar pesas cuando me dijeron que tenía el cuerpo de Benjamin Aton. Me inscribí a clase de pole dance, pues es más divertido ver a dos manatís que a uno intentándolo. Aprendí que te puedes enamorar muchas veces de la misma persona, mismo número de veces que esa misma persona te puede romper el corazón si tú se lo permites. Sigo creyendo que estar enamorado es el estado más fantástico del ser humano y que el amor suele llegar de forma intempestiva, inesperada e irremediable. Cedí y no me arrepentí de hacerlo. Confié y tuve fe. Aprendí a dejar ir. Recordé que hay gente que tiene las alas tan largas que no pueden ser domesticadas. El significado de la amistad alcanzó nuevos tintes y nuevas formas. Me reencontré con viejos amigos. Alguien hizo una descripción de mí que me pareció bonita: “un bicho raro, pero de esos raros que son fascinantes, como un cien pies”. Me gustó creer que era el pandita rojo más bonito de la Tierra y que así debía ser tratada. Reí muchas más veces de las que lloré, pero me encontré muchas veces llorando por cosas que había olvidado. Volví a leer sin parar y volví a escribir, cumpliendo una promesa hecha a un desconocido. Llegó a mi vida Adrián, el cello más fantástico del planeta. Aprendí que el caos puede ser perfecto.

martes, 3 de marzo de 2015

¡Buen viaje niño del espacio!


Imagino muy bien tu sueño. Estás con tu traje espacial, listo para la aventura del día. Llevas un casco grande para esconder tus chinos rebeldes y unas botas rojas para lluvia, por si descubres agua en algún planeta. En tu mochila llevas las cosas más fantásticas: los carros que Nacho te regaló para jugar con ellos en los cráteres de la Luna; colores para iluminar los hoyos negros; una piedra de Venus, tan brillante que crees que es un tesoro; un anillo de Saturno que confundiste con un hula hula y unas antenas para usarlas en caso de toparte con algún alienígena, pues te gustaría parecerle amigable. Usas unos patines para andar por toda la vía láctea y con tu capa azul eléctrica, desde nuestro planeta, pareces una estrella fugaz. Tú no te aburres. Te gusta observarnos desde allá arriba y jugar con nosotros, mandándonos, de vez en cuando, un poco de lluvia y tormentas eléctricas, si es que te ríes a carcajadas. ¡Cómo te gusta guardar en tus bolsillos el polvo de las estrellas, pues crees que puede sanar a todas las personas que están tristes en la Tierra! Pero lo que más te gusta es disfrutar de esas breves huidas cósmicas, por eso sonríes incluso cuando duermes, porque desde ahora recuerdas lo primero que te dijo tu papá tras darte tu primer beso al sacarte del vientre de mamá: ¡Buen viaje, hijo!

sábado, 28 de febrero de 2015

Charlas con Nugget XI: así fue tu llegada…

Lugar: Cedars-Sinai Medical Center, en Beverly Hills, Los Ángeles, California.
Peso: 3.45 kg
Talla: 53 cm
Hora: 19:26
Sexo: Masculino
Calificación de los doctores: 10
Calificación de Enano: 11 (esta es la que importa)


Te esperábamos hace dos semanas, pero estabas muy cómodo en la barriga de mamá. Lo entiendo bien, las mamás suelen ser el mejor de todos los refugios, el lugar al que siempre quieres volver cuando las cosas no andan tan bien. Tuvieron que invitarte a salir, porque parecía que querías seguir calientito y dormidito. Fueron casi 20 horas de labor, desde ya, igual de caótico que mi hermano. Tu papá hubiera querido que nacieras justo el día de su cumpleaños, pero tú decidiste dejarnos a todos con las ganas y llegar el último día del mes más cortito del año, marcado y bendecido con el número 8, como tu papá. Llegas también amparado bajo la última casa zodiacal, piscis, el signo espiritualmente más evolucionado, según dicen los que saben del tema. Fue él, mi hermano, la primera persona en tocarte. Sí, se salió con la suya y él te dio la bienvenida al mundo. La familia de tu mamá estuvo ahí. Tu abuela Carmen llegó por anticipado, lista para ser abuela y enseñarle un poquito a Ale a cómo ser mamá, aunque supongo que esas cosas jamás dejan de aprenderse. También estuvieron ahí tus tías y tu abuelo Pepe. Nacho, Momia y yo nos quedamos en México, preguntando cada minuto por ti y tu mamá, con todas las ganas de estar allá para conocerte, morderte, apretarte, cargarte y jamás dejarte ir, pero ya llegará el día en que podamos hacerlo. Morimos de ganas por ver tu pechito moviéndose rápidamente, porque hay un corazón ávido de crecer, y de escuchar tu respiración y tus llantos y tus gemiditos. Queremos verte sonreír al despertar, como tu papá lo ha hecho desde siempre, y queremos ver ya cómo te transformas en una máquina de hacer ruiditos. Has llegado ya a este mundo a poner todo de cabeza, vienes a desestructurar la mente de tus papás, a cambiarles sus hábitos, sus rutinas, sus buenas y malas costumbres, y ¿sabes? Para ellos nada de eso será un sacrificio, porque todo lo harán con la entrega y paciencia que sólo los padres saben. Eso sí, serás su más grande reto y serás el mejor trabajo que tendrán en su vida, aunque, probablemente, tú les enseñarás mucho más de lo que ellos a ti, porque los bebés tienen el poder fantástico de transformarlo todo. A mí, aun estando lejos, vienes a darme la ilusión y la luz que hace tiempo no encontraba, porque tú representas la esperanza y la felicidad materializada en un pequeñito ser humano. Es irónico, pero, con tanto amor, serás el primer Nugget que querré comerme desde 2004. Sé que cuando te conozca, no querré soltarte y querré que ocupes toda mi vida. También sabré que me querrás cuando me dejes meter mi dedo meñique en tu puño y, a partir de ahí, tú y yo compartiremos nuestros más grandes secretos. ¡Gracias por llegar a este mundo, gracias por regalarme un poquito de tu paz y por hacerme sentir todo este amor contenido desde hace tanto tiempo! Hoy inicia tu carrera más importante: la de ser feliz. ¡Bienvenido, Eugenio!

Como lata de sopa Campbell's


Conozco poco a S. pero adivino mucho de lo que es. Leer a las personas es una de las cosas que más o menos entiendo. A veces, no sabe cómo lidiar con tanto, se preocupa y su cabeza se vuelve un caos, porque cree que es un tipo normal al que le estalló una bomba en las manos. Lo que S. no sabe es que no es un tipo normal, ni común ni corriente, es un ser entrañable y ni siquiera repara en ello. Por eso me gusta, porque es fantástica la humildad con la que camina y ve a las personas y la simplicidad con la que pasa la vida. S. sólo debe recordar aquella frase del tío Ben Parker, “con un gran poder, viene una gran responsabilidad”, porque si ha generado tanta luz a su alrededor, lo único que debe hacer es seguir compartiéndola, explotándola y ser feliz con ello. Por eso le escribo este post, para que nunca se le olvide lo increíble que es, para que cada vez que se sienta perdido, vuelva aquí y comprenda que, en las cosas más sencillas, residen las cosas más espectaculares, las sorpresas más inesperadas y los placeres más duraderos… Como una obra de arte que, partiendo de un lugar común, puede convertirse en un icono, tal y como lo hizo Warhol con una lata de sopa Campbell's.