lunes, 13 de octubre de 2014

Charlas con Nugget I: Tu papá


Desde que sabe que vendrás al mundo, tu papá perdió la razón. Se le ponen los ojos llorosos cuando habla de ti y empieza a preocuparle el mundo. Teme por tu salud, por tu educación, por el planeta en el que crecerás, por cómo ser un buen padre. Sus ansias por apretarte, morderte y pellizcarte van en aumento. Todos los días te pide que salgas a jugar con él porque ya quiere conocerte. Cree que ya sabe cuál es tu color, comida y equipo favorito y te pone canciones para alegrarte, aunque éstas no sean precisamente de cuna. Muere porque lo invites a tu mundo y asegura que te sentará bien ser astronauta. Es curioso pero, pese a lo inquieto que siempre ha sido, ha decidido no saber tu sexo, porque quiere que lo sorprendas desde el segundo en el que llegues. A veces se comporta como un niño y, otras, parece entrar en una cordura y madurez que nunca le conocí. Nunca me enterneció, porque siempre fue la persona más divertida y fuerte a mi alrededor, pero, ahora, es imposible no conmoverse al verlo y escucharlo hablar de ti. Me encanta saber que tú ya eres su persona favorita, porque, gracias a ti, Tipi ahora raya en lo genial. Creo eso, que a tu papá la locura le sienta fantástica. 

viernes, 10 de octubre de 2014

“Que no se te cierre el mundo”


Cuando mamá nos mandaba a comprar algo al mercado, regresar con las manos vacías no era una opción. Era preferible presentarle alternativas o improvisar algo, que volver con un “no hay” o “no encontré”. Decía que su padre así la había formado, así que, si para ella no había imposibles, para nosotros, tampoco. Su modelo servía para todo. Si algo se te perdía, sarcásticamente decía “chíflale”, y con eso sabías que no podías dejar de buscar hasta hallarlo. Si necesitabas algo de un adulto o desconocido, argumentaba “tienes boca mi amor, pídelo tú”. Si ibas a la tienda y por ser niño te saltaban y atendían primero a un mayor, te aconsejaba que te defendieras y que hicieras respetar tu lugar. “Si supiera que tu capacidad es de 8, sólo te pediría un 8”; “si fueras tonto, lo entendería, pero no lo eres”; “piensa, eres inteligente”; “que resuelvan sus propios asuntos”, eran algunas de sus recurrentes frases. El no puedo jamás fue una vía, porque se aseguró de enseñarnos que los problemas sólo existen si los creas y los crees en tu cabeza. Nos hizo resilientes y por eso nos hizo felices... Mamá nos repitió hasta el cansancio “que no se te cierre el mundo” y eso es justo lo primero que le diré a Nugget el día que l@ vea llegar.

lunes, 21 de abril de 2014

Cuando un hombre ama a una mujer



Nacho me enseñó que debe amar la libertad de su pareja tanto como la ama a ella, porque enjaularla sólo provocaría su muerte; que puede complacerla en todo, sin olvidar que debe hacer tierra cuando vuele peligrosamente. Me enseñó que, para amarla, debe primero admirarla y que puede verla toda la vida con la misma ilusión como cuando la descubrió. Que puede darle de desayunar en la boca si se le hace tarde o darle las medicinas en la mano, porque quiere cuidarla y llenarla de detalles para mantener vivo el amor. Me demostró que la hombría no es sino saber hacer feliz a una mujer, adorándola por sus defectos, no pese a ellos. Mi papá me enseñó que un hombre debe amar a una mujer por sobre todas las cosas, porque, haciéndolo, también ama a Dios.

jueves, 27 de febrero de 2014

Aprendiendo a vivir

Mamá tuvo una infancia muy adulta. No es que no hiciera travesuras, pero tuvo una infancia adulta. Jugaba muñecas cuidando a sus hermanas pequeñas y se arreglaba con los mayores para librar, de la mejor forma, los caprichos del patriarcado. Cuenta pocas anécdotas de su niñez, pero todas y cada una tienen que ver con lo que hacían ella y sus hermanos para escapar del severo castigo. Se casó a los 17 años y a los 23 fue mamá, así que con Tipi y conmigo ya traía la experiencia de ser adulta desde que recordaba. “Si te caes, no vengas a llorar”. “¿No quieres comer? No comas, pero aquí no es restaurante”… eran frases que le salían con una dureza tan natural, que jamás intentamos convencerla de lo contrario. Tampoco nos tocó la mamá sobreprotectora ni la que se espantaba si nos enfermábamos, porque con tantos ensayos previos, mi hermano y yo ya éramos prácticamente el pilón.
Hoy, como muchos otros días desde hace algunos años, me encontré regañando a mi mamá. “Mamá, hazme el favor de poner atención cuando caminas. Mi papá te va arrastrando de la mano y tú volteando para todos lados. Por eso, siempre te andas cayendo, lastimando...” Terminé de decirlo y recordé aquella frase que hace poco Nacho me comentó: “Tu mamá se ha vuelto una latosa. Vamos caminando en la calle y quiere agua y ahora quiere un dulce y ahora quiere ir al baño…”. Comprendí, entonces, que el universo todo lo ordena, a veces lo hace tan rápido que quisieras que no existiera la tiranía del tiempo, a veces se tarda un poco y, a veces, simplemente, hace un desastre para poder reconstruirlo de raíz.
Hay quienes nunca dejan de ser niños, como mi papá, quienes nacen siendo adultos, porque así tenía que ser, y hay quienes aprenden a ser niños con la edad, quienes, con los años, aprenden a sorprenderse con todo lo que encuentran en los aparadores, quienes aprenden a desempolvar la ingenuidad y la inocencia que tuvieron que dejar guardada en algún cajón. Mamá es una de ellas, por eso ahora me la encuentro todo el día jugando algún videojuego nuevo, carga todo los días sus juguetes por si se presta la ocasión, y pregunta de manera infinita y consecutiva “¿y por qué?”. Dejó de ser el adulto que le resolvía la vida al mundo entero y se dio la licencia de equivocarse sin temer las consecuencias, de reírse a carcajadas, de gritar y cantar en un concierto, de jugar, de rezongar, de comerse todo lo que quiera, de ser y parecer feliz. Y, haciéndolo, a mí me dio el regalo de verla disfrutar la infancia que nunca pudo tener.

lunes, 17 de febrero de 2014

El amor de Nacho

“Lety, la esposa de Rodolfo, dijo que no soportaría perder a un hijo”, me contaba mi papá. “Pero, ¿sabes? Yo creo que para mí sería peor perder a tu mamá. No me mal interpretes, si tú o tu hermano murieran, me llenaría de tristeza, pero sé que los hijos son prestados por Dios, pero si tu mamá muriera, yo querría irme con ella. He hecho toda mi vida a su lado, así que no sabría qué hacer sin ella, no comprendería la vida sin ella, no me hallaría, no entendería”. “Lo sé papi, sé que te haría mucha falta”, dijo. “No, no es que me haría mucha falta, es que no podría. Ojalá me muera yo primero”, respondió.

lunes, 6 de enero de 2014

La muerte de la inocencia

Pido perdón por los hechos que voy a relatar. Así sucedieron las cosas, sin más ni menos.
Julio de 1998. Tengo 15 años, mi hermano, 17. Por primera vez en la vida, nos han dado permiso de llegar a la hora que se nos dé la gana. Pese a que es la fiesta de mi mejor amiga, considero que no debemos abusar, para poder seguir ganando derechos. Tipi accede. Llegamos a las 2:30 hrs. a casa, sólo media hora después de lo habitual. Como buenos adolescentes, debemos avisar a mis papás, quienes, pese a sus alegatos de “no podemos dormir hasta verlos sanos y salvos en casa”, usualmente los encontramos en el sueño más profundo. Entramos a casa y se escucha ruido fuera de lo convencional. Gritos, alaridos, rechinidos, pujidos y palabras entrecortadas se hacen más fuertes a medida que nos acercamos a su recámara. Creo que debemos retroceder. Tipi está seguro de que se trata de otra de las bromas cábulas de Nacho. Seguimos avanzando. Yo estoy preocupada, pidiendo que sea realmente una de las burlas poco pudorosas de mi papá. Mi hermano camina seguro y a paso firme. Abrimos la puerta. Dos adultos en pleno rodeo. Mi papá se ha convertido en un pura sangre y mamá monta al estilo del Llanero Solitario. Mi hermano y yo nos quedamos ofuscados y petrificados en la puerta. Mi mamá grita “¡gordo!”, en tono agudo, se tapa el pecho y, en una especie de suerte charra, da un salto mortal al otro lado de la cama. Mi papá no entiende lo que pasa o tal vez ha pasado muy rápido para que lo entienda. Me duelen los ojos de tenerlos tan abiertos. He dejado de respirar unos segundos y estoy seguro que mi hermano también debió contener la respiración. Tipi dice buenas noches y cierra la puerta de un golpe. Nos dirigimos rápido y en un silencio incómodo a nuestras habitaciones. No queremos hablar, no podemos hablar.
 
***
 
Como cada domingo, mi hermano me despierta. Apenas abro los ojos, me encuentro con los suyos y estallamos en una muy prolongada risa. Le pregunto por mis papás. Nacho está en la cocina y mi mamá está aún dormida. “¿Pudo dormir?”, pregunto. Nos reímos más. Nos sentamos a desayunar. Papá está, como siempre, en sus pantalones de pijama, cómodo, sirviendo la comida. Mamá, como avestruz, hunde su cabeza en el plato. No quiere hacer contacto visual con nosotros. Llega nuestra venganza.
 
-“Hot cakes para reponer energías de una noche intensa, ¿verdad?” – dice mi hermano. Yo me río y le sigo la corriente.
- “Síiiip” – contesta mi papá y se ríe.
- “Ya” – rezonga apenada mi mamá y hunde más la cara.
- “Nacho, eres un ganador. Recuerdo cuando me dijiste que los papás sólo lo hacían para tener hijos. O sea que lo habían hecho dos veces y esta es la tercera, ¿no?”- dice mi hermano y vuelve a reír.
- “Ya” – insiste mi mamá, aunque ahora ha comenzado a relajarse un poco. Yo me sigo riendo, no sé si por nervios, por incomodidad, por espontaneidad, pero me río mucho.
- “Esto les va a costar caro” – asegura Tipi.
- “Ni se les ocurra contárselo a nadie” – replica mamá.
 
Como era de esperarse, en la siguiente reunión familiar, Tipi hizo una recreación de lo ocurrido y la continua haciendo cada que alguien recuerda la anécdota. Nacho siempre se ríe y mi mamá, entre palabrotas, ya lo toma con filosofía. Yo sólo lo recuerdo como el día en que murió la inocencia… la de mis padres.

lunes, 16 de diciembre de 2013

13 frases para cerrar el 2013

Don’t waste much time in regret, you should only spend three seconds on after making a mistake.
Trungpa Rinpoche

When you inhale, you are taking the strength from God. When you exhale, it represents the service you are giving to the world.
Mr. B. K. S. Iyengar

Have only love in your heart for others. The more you see the good in them, the more you will establish good in yourself.
Paramahansa Yogananda

The more you meditate, the more helpful you can be to others, and the more deeply you will be in tune with God.
Paramahansa Yogananda

The sun shines down, and its image reflects in a thousand different pots filled with water. The reflections are many, but they are each reflecting the same sun. Similarly, when we come to know who we truly are, we will see ourselves in all people.
Ammachi

True happiness is when the love that is within us finds expression in external activities.
Ammachi

The body is your temple. Keep it pure and clean for the soul to reside in. Geeta Iyengar Everyone has in him something divine, something his own, a chance of perfection and strength in however small a sphere which God offers him to take or refuse. The task is to find it, develop it & use it. The chief aim of education should be to help the growing soul to draw out that in itself which is best and make it perfect for a noble use.
Sri Aurobindo

Feel good, be good, and do good.
Yogi Bhajan

Live in the present, forget the past. Give up hopes of future.
Swami Sivananda

This world is your body. This world is a great school, This world is your silent teacher.
Swami Sivananda

Put you heart, mind, intellect and soul even into your smallest acts. This is the secret of success.
Swami Sivananda

We fight because we care for each other; if we didn’t, we wouldn’t hurt, we wouldn’t bother.
Leigh Koo
 
What we once enjoyed and deeply loved we can never lose, For all that we love deeply becomes a part of us.
Hellen Keller